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Anatomía de un cuerpo en el interior de la cueva. (+ formato vídeo)

 


Click en la imagen para acceder al vídeo con el texto recitado y dramatizado.


Quiero cerrar los ojos, pero a la vez quiero mantenerlos abiertos. 

Más que querer es una obligación. 

Quiero cerrar los ojos y que todo pase, no quiero tener que mirar mi alrededor, 

no quiero tener que enfrentarme a la existencia.

No quiero estar aquí.

Mis ojos desean permanecer cerrados y explotar, 

dejar caer todo lo que deben de callar.

Quieren ver y apreciar la vida y el arte del Universo, pero no pueden.

Ya no pueden. 

Los músculos de mi cara… ya no los manejo.

Los siento dormidos, no quieren trabajar.

Todas estas sonrisas son falsas, trabajadas tras tantos años de prácticas.

Voy a ser siempre esa persona con cara de póker que te joderá las fotos.

Lo siento. 

Ya ni las mías propias en soledad llaman a que mi rostro se mueva.

Intento expresar algo que debería sentir, pero ya no puedo.

Solo unos segundos.

No quiero gritar, solo siento cansancio. 

Nunca nadie escucha.

No puedo seguir pidiendo atención cuando parece que no quiero salir de esta cueva. 

Pero ella me engulle y no puedo. 

Vuelve a mí y me ata un día y otro y otro más. 

No me va a dejar salir y tampoco quiero. 

¿Para qué? No formo parte de eso y no sé cómo formar…

No sé si está bien o mal, ¿quién elige eso? 

Ya no importa, ¿para qué?



Me quiero arrancar los dientes.

No me había dado cuenta de lo molestos que son hasta ahora. 

Cuando muera quiero que me los arranquen uno a uno 

y los guarden en una pequeña caja de plata 

y que la coloquen junto a los premios, medallas y honores que jamás tendré. 

Quiero arrancarme los dientes. 

Las encías me incomodan y hacen que me duela la cabeza. 

Quiero arrancarme los dientes y también la mandíbula. 

Casi no la utilizo, ¿para qué la quiero? 

Es eléctrica y no hace más que suspirar. 

Cada mordida al aire crea una corriente que baja por mi garganta, 

por mi cuello y mi columna y casi no soporta la carga de mi cabeza. 

Quiero arrancarme los dientes.



No sé cuándo me han vuelto a colocar este corsé 

con el que mis hombros no pueden. 

No me mantiene en pie ni firme, 

solo hace que me agache cada vez más y quiera esconderme. 

Me aprieta demasiado el pecho y me aprisiona el corazón. 

No sé cómo puede seguir latiendo. 

No sé para qué lo hace. 

Como la electricidad corriendo por riachuelos, 

zumbidos que juegan por mi estómago y dan calambres a mis senos. 

Después solo hay vacío. 

Un viejo y extenso vacío que a veces se encoge 

activando esa inútil mandíbula para suspirar. 

Un vacío que no sé cómo llenar.

Quiero arrancarme los dientes.



Las manos son las que más sufren.

Vibran, tienen espasmos, quieren irse de este cuerpo para crear. 

Me está costando tanto escribir estas letras. 

Odian el mundo, odian su existencia. 

¿Para qué? 

Quieren acabar con todo.

Quieren maltratarme para aliviar la carga, 

quieren arrancarme la piel y bailar en el agua. 

Mis muslos también tienen calambres. 

Quieren correr, pero no pueden con tanto peso. 

El resto parece aire, 

si no fuera por los pinchazos en las rodillas y la inquietud en los talones. 

Casi no puedo rascarme sin que mis manos deseen hacerme daño. 

Creo que mis pies también me odian. 


Quiero arrancarme los dientes y sentir calma.

Da igual si sangro, solo será una etapa.



Ni siquiera siento que esté dentro de la cueva. 

Ya no puedo apreciar la belleza. 

Mi mirada está cansada de mirar. 

Los 15 minutos de fama no existen para mí. 

No soy el personaje principal, tampoco soy el secundario…

Solo un nombre en una larga lista al que nunca van a llamar. 


Siempre ha sido así y siempre lo será. 

No quiero que vengan a preguntar.

Ya ni sé qué escribo…



Ahora me percato que el interior de la cueva es esponjoso. 

Y me adentro, y me duermo, y no puedo.




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