Noche fría y oscura inunda la ciudad, ruidosa aún sin haber nadie paseando por sus calles. El suelo húmedo por la lluvia pasada, árboles aún verdes a pesar de lo adelantado. Clima que no congela pero que hiela los dedos, dedos que teclean rápido en el móvil invalido; para inválidos son los asientos de delante de la que escribe. Música indie, de cantautor, distinta, difícil de encontrar en cualquier centro comercial; música que va sonando y meciéndose en sus oídos, los auriculares son de un bazar chino, pero aguantan. El conductor del transporte público no conduce ni lento ni deprisa, cambia la banda sonora: revista musical española, Sarita Montiel. Ya pasó el primer pueblo, es el último en el horario del consorcio. A pesar de haber tomado varios sorbos de agua, el sabor amargo del chocolate negro sigue en su paladar. No se va, engancha. El aparato de gran pantalla va cargando su batería lentamente gracias a la energía del cilindro. El tiempo pasa, todo transcurre. Nada ocurre. El paisa...
Sarah Kane. Nacida en febrero del 71 en Essex, dramaturga cuyos escritos hablaban del amor, el dolor, la tortura y la muerte, quizás solo estaba hablando de ella misma. Se le considera una de las figuras claves en el teatro de la crueldad, con una escritura poética y bien cuidada. Sus padres eran evangélicos y Sarah, en un principio, también era creyente, pero luego dejó de creer. Abandonó una religión que en aquella época seguramente ya le hubiera abandonado a ella. Estudió arte dramático y escritura teatral, un amor por el teatro y las palabras que nació en ella en su adolescencia. En el 94 escribe una trilogía de monólogos titulada “Sick” , donde hablaba de la violación, la bulimia y la sexualidad. Sarah Kane aparentaba ser una mujer con una vida tranquila, pero su cabeza no jugaba a esa realidad. Su cabeza tejió una maraña de desespero que no la dejaba respirar, una depresión que iba creciendo más y más en su interior. Una maraña de palabras e imágenes que Sarah expresó en sus obra...